miércoles, 12 de octubre de 2011

El papel indígena: fabricación y uso ceremonial. Por Lillian Paz Ávila

Las civilizaciones del México antiguo –principalmente la nahua, y en menor grado la maya y mixteca– utilizaron el papel para diversas ceremonias de carácter ritual y religioso. Con el papel indígena se fabricaban atavíos para sacerdotes y para los que estaban próximos al sacrificio, se ofrecía como ofrenda a los dioses por haber devuelto la salud a un enfermo, e igualmente se utilizaba para la elaboración de códices. En las ceremonias nahuas se consumían grandes cantidades de papel cada vez que alguien moría (Martínez Cortés 1974).



Fabricación del papel amate
Pese a la importancia del papel para los antiguos pobladores de México los cronistas españoles no recopilaron importantes datos sobre la fabricación del papel; es más, se intentó prohibir su manufactura durante la colonia por la estrecha relación del papel con las ceremonias indígenas y se intentó implantar el uso obligatorio de papel europeo. Pero el papel amate resistió al tiempo y a los embates de los colonizadores, tan es así que aun ahora hay poblados, como el de San Pablito, Puebla donde se realiza casi con la misma técnica prehispánica.
La manufactura del papel indígena o amate corresponde al período Clásico. Para la elaboración de las hojas se utilizaban batidores de piedra con ranuras en su superficie o amahuitequini que datan del 500 a 600 d.C. y de acuerdo con datos de investigaciones arqueológicas “su uso estaba generalizado pues de este material era la mayor parte de los empleados en los lugares donde se producía papel... se han localizado en Teotihuacan, Texcoco y en territorio huaxteco, totonaco, zapoteco, lacandón, mazateco y mixteco” (Lenz 1973).
            Del amaquahuitl o árbol del papel –una especie de moráceas– extraían los indígenas prehispánicos la corteza con la que fabricaban el papel amate, esta corteza era remojada para después extenderla y machacarla con los batidores dando pequeños golpes para entretejer las fibras y formar la hoja de papel; se le daba mayor consistencia con un engrudo o tzacuhtli. Para mejorar la calidad de la superficie que se iba a pintar se cubría con una capa de cal que se alisaba y se pulía.
De igual manera, se sabe del uso de las bolsas de oruga del genero Bómbix como papel, aunque en menor grado. Estas bolsas no pasaban por proceso alguno sino que se separaban las capas y ya estaban listas para su uso. Acerca de esto Humboldt (1973) menciona: “Es un verdadero papel natural del que sabían sacar partido los antiguos mexicanos, pegando varias capas juntas para formar un cartón blanco y lustroso.”
            Para tener una visión acerca de la fabricación de papel indígena en la actualidad, presentaré los datos de Marie Vander sobre la comunidad de San Pablito, Puebla. El resurgimiento de esta actividad se da en los años cincuenta y la explotación de las especies provoca un agotamiento de ciertas moráceas. Esta situación obligó a los artesanos a utilizar otras especies como el jonote colorado que permite su explotación todo el año y responder a la creciente demanda de producción de papel amate. Sobre las técnicas de elaboración se pueden observar algunos cambios pues en vez de reblandecer la fibra en el río, los artesanos ponen a cocer el jonote en grandes cazos, el tiempo de cocción puede ir de tres a seis horas, dependiendo del tipo de fibra (Vander 1997).
            La sierra norte de Puebla no es actualmente el único lugar donde se conserva esta tradición, los estudios etnográficos  han aportado datos de que esta actividad se realiza en algunas regiones de Veracruz y Oaxaca. Sin embargo son necesarios más estudios sobre este tema para recoger y preservar datos de esta importante práctica ya que, aunado a la poca información que tenemos de la época colonial, es reducido el número de comunidades que fabrican el papel.


Los Códices
La fabricación de papel por parte de los grupos indígenas ha permitido la conservación de importantes datos sobre religión, rituales, historia y política. a través de los códices o libros pintados. Para realizar los códices, ciertamente se usaron otros materiales como la piel curtida de venado o los lienzos, pero ninguno en la magnitud del amate. Como bien afirma fray Diego Durán en su libro Historia de las indias de la Nueva España e islas de tierra firme:

Todo lo tenían escrito pintado en libros y largos papeles con cuentas de años y meses y días en que habían acontecido... sus leyes y ordenanzas sus padrones todo con mucho orden y concierto.

En los códices podemos encontrar diversos temas de la cultura y tradición indígena de antes de la llegada de los españoles. La conquista no frenó esta creación, los códices se siguieron realizando aunque relacionados con temas nuevos como la religión cristiana, los problemas económicos y, en general, todo lo relacionado con el contacto con los españoles.


Durante la época prehispánica los códices eran pintados por los tlacuilos –del náhuatl tlacuiloa ‘escribir pintando’–, hombres o mujeres que se escogían desde muy jóvenes de cualquier clase social. La condición esencial era que poseyeran cualidades artísticas, se les instruía en su lengua y el saber de la época y, posteriormente, se les especializaba en algún tema en específico. Sus escritos eran anónimos, por que no firmaban sus documentos ni indicaban sus nombres. Su producción pertenecía a la colectividad (Galarza 1997).


            La especialización era necesaria por la diversidad de temas que se realizaban: calendárico-rituales, cartográficos, administrativos e históricos, entre otros. Desafortunadamente, durante la conquista fueron destruidos de forma generalizada, quedando una mínima parte de estos documentos prehispánicos en la actualidad.
            Los tlacuilos usaban para pintar los códices pinceles de pelo de conejo de diferente grosor según el trazo que se requería y colores de origen vegetal, animal o mineral que se disolvían en agua o se combinaban entre sí con tzacuhtli como aglutinante para formar nuevos colores. Al respecto comenta Luz Mohar (1997):

…de la semilla del axiote se obtenía un color entre rojo y anaranjado, el azul claro se conseguía de unas flores llamadas matlalli, el blanco de gis y yeso, el negro se obtenía del óxido de hierro. Los colores tenían un valor simbólico, algunos, por ejemplo, estaban relacionados con los puntos cardinales: el este se asociaba con el rojo, el norte con el negro, el sur con el azul y el oeste con el blanco; además, eran atributos de determinadas deidades.

            El almacenamiento de los códices se hacía en lo que ahora llamaríamos verdaderas bibliotecas conocidas como amoxcalli, de amoxtli ‘libro’ y calli ‘casa’ –la casa de los libros– que estaban bajo el cuidado de la nobleza y los sacerdotes. Para leer los códices se extendían sobre petates en el suelo; el que les daba lectura era el tlacuilo mientras los oyentes se situaban alrededor del documento.


Uso ceremonial del papel
El uso ceremonial del papel está registrado en los documentos de origen indígena, así lo podemos observar en La primera fiesta del cerro o del conquistador que reproduce Ángel Garibay (1979) en su libro La literatura de los aztecas:

Ya se hace investigación entre los que habían tomado mujer en Colhuacan. Siendo ellas de esa ciudad. Y les quitaron sus papeles pintados y a sus mujeres: con eso hicieron a Nuestro Padre.
Luego hicieron estas pinturas de papel, las tiñeron de verde. Se pusieron a discutir y dijeron:
–¿Adónde vamos? ¡Iremos nada más a combatir! Ya no somos muchos.
¡Acaso en alguna parte seamos despojados de lo nuestro!
¿Qué haremos? Vamos a juntar estos papeles de los de Colhuacan que han venido trayendo; vamos a reunirlos todos–.
Juntaron todos los papeles y los embadurnaron con semilla de bledos molida y amasada, con que hicieron grande bulto de aquellos papeles. Con esa masa los apelmazaron y de eso mismo hicieron su cabeza.
Entonces lo presentaron nuevamente.
Se ponen a hacer su baile cantando y azotando los remos. Se le compuso su canto:
“Desde el lado de Casa Blanca (Iztacalco), fue nacido nuestro conquistador de papel.
¡Así en una noche allí!
¡Sea abrevado en la llanura, sea abrevado nuestro conquistador de papel!”
La transformación de La Mujer Madre (Nanocihuatzin), la señora de los hombres.
Los de Coyohuacan, los de Colhuacan vienen a oírlos: mucho entre ellos se extendía el canto.
Luego se habla de guerra:
Tepanecas, vamos a escoger entre éstos... ¿Qué son tantos los mexicanos? ¡Están engañados si intentan hacer guerra!
Vienen ya hacía ellos: estaban cantando a su conquistador de papel. Lo ven los de Coyohuacan: es una deidad maligna.
Pero los mexicanos comenzaron a dar alaridos y se ponen a combatir, van llenos de ardiente ira. Y de los de Coyohuacan todos allí murieron: aun las mujeres de los mexicanos cada una hizo su cautivo.
Y se hacen allí sacrificios ante el conquistador de papel.

Ángel Garibay (1979) explica que el muñeco de papel es representación del dios solar que es al mismo tiempo dios de la guerra. La mujer madre –Nanocihuatzin– es la que comparte la unidad cósmica con el Sol.
La Leyenda de los soles es otro ejemplo de que el papel no sólo estaba presente en los rituales sino también inmerso en los mitos de creación. Decían que antes de que hubiese día en el mundo, se juntaron los dioses en Teotihuacan, y uno de ellos, buboso, llamado Nanahuatzin, accedió a ser quien alumbrara. A otro, que se llamaba Tecuciztecatl, le dieron sus aderezos, un plumaje llamado aztacomitl y una jaqueta de lienzo, y al buboso le adornaron la cabeza con papel que se llama amatzontli, y le pusieron una estola de papel y un mástil de lo mismo (Lenz 1973).
Ya en la prácticas de culto podemos encontrar el papel como adornos sagrados o amatetehuitl goteados con ulli, en éstos se hacían las imágenes de los dioses pintando sus figuras o símbolos sobre el papel con ulli derretido, eran de igual manera simbólicos en el culto de los dioses del monte. Cuando estos papeles los usaban como atavíos, eran llamados quemitl. Otra función ceremonial del papel es la que se manifestaba durante la fiesta en honor de la diosa de la sal, Huixtocihuatl. La mujer que sería sacrificada ese día llevaba en la ceremonia un bastón adornado con papeles goteados de ulli y tres flores del mismo material goteadas de incienso (Lenz 1973).
Para finalizar, quiero presentar un ejemplo de la comunidad de Chicontepec, Veracruz para mostrar que el uso papel como material sagrado o ceremonial continua vigente hasta nuestros días. Los pobladores de Chicontepec representan la forma del universo en los bordados de los textiles y en el papel ceremonial que son figuras comparables con las registradas en los códices y en otros materiales precolombinos. La tierra y el cielo también son representados en papeles ceremoniales y se trata de imágenes divinizadas. Las figuras recortadas tienen imagen humana, la mayoría de ellas con las manos hacia arriba. En su parte central y en sus tocados evidencian signos que las distinguen. Tanto el cielo como la tierra –en su representación divina– son imaginados acostados en baúles con la forma de cada ámbito del universo, el primero es curvado y el segundo es cuadrado (Báez y Gómez 1998).



Consideraciones finales
Para concluir este escrito, quiero mencionar que el uso y fabricación del papel en la actualidad muestra los mecanismos de resistencia que los actuales grupos mesoamericanos han tomado para mantener sus antiguas tradiciones. Por otro lado –tal y como plantea Lenz–, el uso tan extenso del papel es explicado por ser un material muy económico, al que por su flexibilidad podían darle la forma que gustaran, decorarlo y teñirlo, puesto que los dioses se hacían a imagen y semejanza de los hombres.
            La resistencia no se limita a los enfrentamientos armados, si no que se arraiga más profundamente en la vida cotidiana. No todo ha logrado conservarse, es indiscutible, puesto que se perdió buena parte de los conocimientos que sólo poseía la elite, pero el pueblo igualmente pudo recrear su cultura y mantenerla a través de los diversos mecanismos de resistencia.


Bibliografía

MARTINEZ, Cortes Fernando.
PEGAMENTOS, GOMAS Y RESINAS EN EL MÉXICO PREHISPÁNICO. SEP setentas, México, 1974.

LENZ, Hanz.
EL PAPEL INDÍGENA MEXICANO. SEPsetentas, México, 1973.

HUMBOLDT, Alejandro de.
ENSAYO POLÍTICO SOBRE EL REINO DE LA NUEVA ESPAÑA. Ed. Porrúa, México, 1973.

VANDER,  Meeren Marie.
EL PAPEL AMATE ORIGEN Y SUPERVIVENCIA. En: Arqueología mexicana, Vol. IV, núm. 23, México, 1997.

GALARZA, Joaquín.
LOS CODICES MEXICANOS. En Arqueología mexicana, Vol. IV, núm.23, México, 1997.

GARIBAY, K. Ángel. LA LITERATURA DE LOS AZTECAS. Ed. Joaquín Mortiz, México, 1979.

BAEZ Jorge y GOMEZ Arturo. TLACATECOLOTL Y EL DIABLO (LA COSMOVISIÓN DE LOS NAHUAS DE CHICONTEPEC), Gobierno del Estado de Veracruz, México, 1998.

MOHAR, Luz. MANOS ARTESANAS DEL MÉXICO ANTIGUO. Ed. SEP-CONACYT, México, 1997.
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Cómo referir páginas web y documentos electrónicos (Mexicon-Style)

En el texto, utiliza las páginas web y los documentos electrónicos como fuentes publicadas:

Paz Ávila (2005); Ordóñez Sosa (2010)

En las referencias citadas utiliza el siguiente formato:

Ordóñez Sosa, Rodrigo E.
2010 La literatura comprometida. Documento electrónico, http://www.winaqbahlam.blogspot.com/, [3 de mayo, 2011]

Paz Ávila, Lillian
2005 La moda europea y su influencia sobre el terno yucateco durante el siglo XIX. Documento electrónico, http://www.mayas.uady.mx/articulos/terno.html, [5 de mayo de 2011]