viernes, 27 de mayo de 2011

Arte y composición en los rezos sacerdotales mayas (fragmentos) por Carlos Montemayor

Algunos rezos tradicionales contienen una explicación de la vida natural y comunitaria que muy posiblemente proviene de los tiempos prehispánicos. Algunos de los rezos ceremoniales acusan un mayor grado de entonación y de línea melódica; otros obedecen a un recitado más pronóstico y de una rapidez inusual.
            U payalchi’ob jmeeno’ob son tan abundantes y tan variadas como el número de oficiantes reconocidos. La mayoría se entonan o recitan con un arte peculiar, por lo que es difícil distinguir entre la naturaleza de su entonación y la naturaleza de las palabras del rezo mismo. Por ciertos rasgos del arte de la composición de sus versos y del arte de su pronunciación o recitado, posiblemente sea la forma artística de la lengua maya más antigua.
            A veces se agrega también el arte melódico. Así ocurre en el inicio de un largo rezo de Waajil Kool “cantado” en la región de Oxkutzcab por el jmeen Luciano Castillo, que conocí por María Luisa Góngora Pacheco hace muchos años. Entregué una grabación de este rezo al compositor Francisco Núñez para que realizara una transcripción musical; sus comentarios me parecen importantes para conocer esta faceta del arte de la lengua maya.
            Los comentarios de Francisco Núñez son aleccionadores para entender la naturaleza melódica de estos rezos:

Están fundamentalmente escritos en una escala pentáfona, lo cual resalta su posible conexión con la música maya auténtica. Los dos primeros conservan una tendencia descendente desde el punto de vista melódico y recorren toda una octava.

Los glissandi reflejan en el jmeen III la riqueza y originalidad de una dinámica que nunca reposa y que... rompe la monotonía de los cantos religiosos tradicionales del latín, dentro de la liturgia cristiana. Por ello una fuerza envolvente, de una unidad y variedad única en su estilo y estética, los sitúan, comparativamente hablando, en una música alejada por completo de la corriente e influencias occidentales. Estas plegarias nada tienen que ver con ningún canto gregoriano o cristiano.

Los glissandi a su vez, son énfasis que sorprenden constantemente, rompiendo la monotonía que podría resultar de un parámetro dinámico... Aparentemente, no existe ni se siente el reposo -a la usanza de la música occidental-  y en ello estriba la belleza que nos atrae y magnetiza... Es un lenguaje cantado, ritmado, de impresionante variedad, que sólo contiene cuatro sonidos: se mueve en un intervalo de quinta y nunca aparece el cuarto grado, por lo cual se ubica dentro de la música pentáfona.

Hay una tendencia en el cantor a acelerar en jmeen I y II. Esto puede obedecer al impulso propio de la música que reduce el ámbito interválico a varias sílabas (dos y tres generalmente) sobre un mismo sonido; por tanto el texto tiende a descender a la región hablada-cantada y le quita el espacio que favorece la prolongación temporal del sonido cuando las terceras irrumpen en el inicio, como si se interrelacionaran pentafonía y microtonalidad. Jmeen I y II son dos estructuras binarias A A, con una pequeña variante en la segunda A de jmeen II (Piú mosso ♪=92). Ahí se gesta un pasaje inicial que recuerda algunas melodías y giros que seguramente son, si no originales, cercanos o muy cercanos a ello.

En efecto, la aceleración progresiva y el ascenso y descenso del recitado continuo en notas que sólo abarcan un intervalo de quinta son rasgos suficientes para no confundir los rezos con ninguna otra forma occidental. No imitan las “misas cantadas” ni los himnos o cantos gregorianos. Tampoco parten de una idea de notación musical occidental: se trata de una estructura formal propia y quizás prehispánica. Largas exclamaciones que parecieran lamentos se alternan con una rapidez inusual de recitado. La melodía permanece a lo largo de la plegaria como un referente poderosamente persuasivo e inmerso en un mundo propio.

            Una calidad melódica semejante aparece también en rezos de otras zonas indígenas de México. Entre los grupos mayenses, con algunos conjuros y rezos de festividades religiosas que los tzotziles y tzeltales cultivan. Entre huicholes, coras, mayos, pimas y tarahumaras, por su parte, diversas ceremonias requieren de una vara con muescas que produce, al frotarse con otra, un sonido que durante horas enteras sirve de apoyo a los cantos y rezos; en el caso de huicholes y tarahumaras, particularmente en el culto al peyote o Jícuri.

Es difícil saber hasta qué grado los jmeeno’ob van transmitiendo el pensamiento maya fuera del vehículo formal del payalchi’. En alguna de nuestras conversaciones, Felipe Manrique, unos de los jmeeno’ob de Oxkutzcab, me dijo que él había aprendido a rezar solo y que a través de los sueños avanzó en el conocimiento de los rezos y en lo que debía hacer, decir o entonar. Un año más tarde, en otra de nuestras conversaciones, me confió que deseaba enseñar a alguna persona que se sintiera llamada para estas tareas, confesión que ilustra un fenómeno que ocurre en otras regiones indígenas de México.

            No hay contradicción en ambas conversaciones. Personas como él comienzan a aprender el modelo de los rezos y el ordenamiento de las ceremonias desde que son niños, porque oficiantes fueron también sus parientes cercanos, frecuentemente padres o abuelos. Recordará, tanto en vigilia como durante los sueños, las fórmulas que escuchó desde niño, la manera de entonarlos, y a ese modelo inicial referirá su actividad sagrada. El rezo se recrea sobre la base formularia tradicional y a partir de la entonación de la lengua. Se trata de un arte que se transmite, aunque oralmente, no de una manera mecánica, sino creativa. Por tanto, un oficiante puede aprender de otro y enseñar a alguien más, pero considerar que se aprende a rezar por sí mismo.

            Las formas rituales de las lenguas indígenas de México se transmiten de boca a oído, de maestro a discípulo, pero el aprendizaje requiere de manera esencial el desarrollo de la memoria y la creatividad del nuevo oficiante.

Creo que estas payalchi’ob contienen los vestigios más antiguos del arte de la lengua maya no sólo por los datos formales que he comentado ya de entonación, línea melódica, recitado o esquemas formularios, sino fundamentalmente por la conservación de las deidades populares mayas de los tiempos prehispánicos.

Fuente: Montemayor, Carlos (1995) Arte y composición en los rezos sacerdotales mayas. FCA-UADY.







El siguiente video presenta un fragmento de un rezo en la ceremonia del Ch'a' Cháak, petición de lluvia, grabado por Sergio Camaal Maas en Kankí, Campeche, 2007.




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Cómo referir páginas web y documentos electrónicos (Mexicon-Style)

En el texto, utiliza las páginas web y los documentos electrónicos como fuentes publicadas:

Paz Ávila (2005); Ordóñez Sosa (2010)

En las referencias citadas utiliza el siguiente formato:

Ordóñez Sosa, Rodrigo E.
2010 La literatura comprometida. Documento electrónico, http://www.winaqbahlam.blogspot.com/, [3 de mayo, 2011]

Paz Ávila, Lillian
2005 La moda europea y su influencia sobre el terno yucateco durante el siglo XIX. Documento electrónico, http://www.mayas.uady.mx/articulos/terno.html, [5 de mayo de 2011]